Economía y Negocios, Tecnología

Perrotón, una compañía en la que rentabilidad financiera y conciencia social confluyen para proteger a las mascotas

El presidente Obama, cuando pasea con sus perros de agua  (Sunny y Bo) por la residencia presidencial, seguro que se siente inmejorablemente acompañado, e incluso  probablemente les compartirá algunas confidencias de Estado cuando les acaricia;  lo mismo le sucederá, probablemente, al presidente Rajoy en España, cuando pasea matinalmente por los jardines del Palacio de la  Moncloa con su perro Rico, y qué decirles de la Reina de Inglaterra, que en el video inaugural de los Juegos Olímpicos, en Londres, aparecía en compañía de sus perros y del actor Daniel Craig, haciendo el papel de James Bond.

En España, el inteligentísimo embajador de EEUU en España, James Costos, muestra con su amor a Greco una simpatía incondicional a la protección de nuestras mascotas.

Todos estos líderes entienden que los perros, cuando entran en el hogar de una familia, ocupan un espacio irremplazable.

En los hospitales conocen que la presencia de los perros sirve de tratamiento terapéutico para ciertas conductas de aislamiento y de alteraciones de la realidad sensorial en no pocas ocasiones.

A pesar de ello, en ciertas regiones del mundo, la falta de criminalización del comercio ilegal de perros y gatos ha generado una auténtica pandemia, siendo el maltrato de los mismos un elemento descorazonador de parte de la sociología contemporánea.

Ante esta dolorosa realidad, aunque parezca paradójico, los nuevos principios de Gobierno Corporativo aprobados por la OCDE/ G20 establecen específicos preceptos sobre Responsabilidad Social Corporativa, enfatizando la importancia de este tipo de información en la documentación anual que las empresas cotizadas suministran a los mercados financieros y a los supervisores competentes.

Dentro del perímetro de la Responsabilidad Social Corporativa anida, en paralelo a la misma, la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, que establece que todos los animales nacen iguales y tienen los mismos derechos a su existencia, así como que ningún animal será sometido a malos tratos, ni a actos crueles ni degradantes. El abandono de un animal es considerado un acto cruel y degradante.

En España y en EE. UU., una empresaria pujante y brillante, Alejandra Botto, ha puesto en marcha una compañía denominada Perroton, cuyas actividades ya se extienden por cuatro países, con la finalidad de gestionar y amparar el tratamiento que se debe otorgar a nuestras queridas mascotas, cuando son abandonadas y/ o cuando sus propietarios fallecen o se ven incapacitados para hacerse cargo de sus mascotas por enfermedad o otra causa sobrevenida.

Los Fondos de Inversión socialmente responsables empiezan a girar sus preferencias por este tipo de compañías, ya que el amor por los animales, constatan, no está reñido con la solvencia ni con la rentabilidad de sus actividades.

Esta reputada empresaria, Alejandra Botto, es una pionera en este proyecto empresarial, “iluminada” le han llamado algunos, “visionaria” otros, los que amamos a nuestras mascotas apreciamos su valor y su visión empresarial, como decía Winston Churchill, sin el valor todas las otras virtudes carecen de sentido.

Obama, Rajoy y la Reina de Inglaterra dan ejemplo con el amor hacia sus mascotas, no dudo que sonreirán con magnanimidad cuando conozcan este proyecto.

 

Juan Munguira González

Comité de Gobierno Gorporativo OCDE

Miembro del Assessment Committee de IOSCO

Profesor del Mercado Financiero

 

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